CuautlaHoy

Revista digital del oriente de Morelos.

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PABLO MOLINA MORA DEJA HUELLA EN MÁS DE 600 ESTUDIANTES: CUANDO SER PADRINO SIGNIFICA ESTAR PRESENTE, ESCUCHAR Y ACOMPAÑAR 

Más que un nombramiento, una oportunidad para sembrar esperanza.

Hay reconocimientos que se reciben con un aplauso y otros que se ganan con la confianza de las personas. Durante esta temporada de clausuras escolares, Pablo Molina Mora fue distinguido como padrino de generación de alrededor de 600 ahijadas y ahijados en instituciones de preescolar, primaria y secundaria de diferentes comunidades del municipio de Ayala, así como de Huatecalco, en el municipio de Tlaltizapán. A ello se suman las convivencias realizadas, compartiendo momentos que difícilmente olvidarán quienes hoy cierran un importante capítulo de su formación.

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La educación también se construye con cercanía.

Más allá de los actos protocolarios, cada visita estuvo marcada por el diálogo, los abrazos, las palabras de aliento y el reconocimiento al esfuerzo de alumnas, alumnos, madres, padres de familia y docentes. En cada escuela hubo tiempo para escuchar historias, entregar pequeños detalles, convivir y recordar que los grandes sueños también nacen en las aulas de las comunidades, donde todos los días se forman mujeres y hombres que mañana escribirán el futuro de Morelos.

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Los recuerdos de la escuela duran unos años; las palabras correctas pueden durar toda la vida.

En sus distintos mensajes dirigidos a las generaciones que egresan, Pablo Molina Mora insistió en que el conocimiento es la herramienta más poderosa para abrir caminos y que el éxito no depende del lugar donde se nace, sino de la determinación para salir adelante. Invitó a niñas, niños y jóvenes a cuidar sus valores, amar a sus familias, sentirse orgullosos de sus raíces y jamás permitir que alguien les haga creer que sus sueños tienen límites.

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Porque al final, las generaciones no recuerdan únicamente quién estuvo sentado en el presídium; recuerdan a quien se tomó el tiempo de mirarlos a los ojos, de creer en ellos y de hacerlos sentir importantes. Tal vez las graduaciones duren unas cuantas horas, pero cuando un adulto deja una palabra de esperanza en el corazón de un estudiante, esa semilla puede florecer durante toda una vida.

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