El Proyecto del Tren Maya llega a su fin en su primera face, dejando a su paso una estela de devastación y despertando fuertes críticas hacia el presidente Andrés Manuel López Obrador por ignorar las voces de los ecologistas expertos y sus pobladores, dejado profundas cicatrices en la selva, descontento en aquellos que luchan por la preservación del medio ambiente y el futuro de generaciones jóvenes y venideras.

A lo largo del recorrido de más de 1,500 kilómetros, el Tren Maya ha atravesado áreas de alta biodiversidad y ha causado la destrucción de hábitats naturales, poniendo en peligro a numerosas especies y cenotes, cuerpos de agua únicos y propios de la península de Yucatán.
A pesar de las advertencias de expertos y activistas, el presidente ha hecho oídos sordos a las preocupaciones ambientales, priorizando intereses de ideales propios pasando por encima de la conservación de la naturaleza y haciendo caso omiso a más alternativas.


A lo largo de este proyecto no solo no se cumplieron promesas de la baja mitigación ambiental que un proyecto de esta magnitud planeaba sino también hubieron muchas inconsistencias en relación al presupuesto inconsistencias de Fonatur, Retrasos y malas condiciones, además de las inconsistencias en la planeación del proyecto, en la consulta realizada a comunidades indígenas que viven en la zona, su rentabilidad y costos injustificados


Es importante reflexionar sobre los impactos reales y duraderos de proyectos de esta magnitud y garantizar que se tomen decisiones informadas y respetuosas con el medio ambiente y las comunidades involucradas.

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